Idolatría
‘Shirk’, la traducción árabe de la palabra “idolatría”, significa “alianza, asociación”. En el Corán, practicar la idolatría es asociar cualquier otro ser vivo, persona, o concepto a Dios, considerándolo como igual a Él, y seguir esta infundada creencia.
En las traducciones del Corán se explica este concepto como “asociar algo a Dios”. Esto quiere decir que “se tiene otro dios aparte de Dios” o que “se adora a otro dios además de a Dios”.
En su sentido más amplio, idolatrar es respetar una serie de principios y valores o seguir un estilo de vida que no es consecuente con las enseñanzas y los valores morales del Corán. Alguien que adopta tales principios lo que hace es situar a quien establece los mismos como un asociado a Dios. Dicha persona puede ser cualquiera: su padre, abuelo, un antepasado que la sociedad de la que es miembro quiera exaltar, los fundadores de una ideología o filosofía, o sus seguidores. En este sentido amplio de la palabra “idolatría”, quien lleve otro modo de vida diferente al del Corán simplemente practica la idolatría. Se puede llamar a sí mismo ateo, cristiano o judío. Incluso puede que parezca ser musulmán, ya que reza sus oraciones, ayuna y obedece las leyes del Islam. Sin embargo, cualquiera que albergue un pensamiento o juicio opuesto al Corán corre el peligro de convertirse en idólatra, ya que con tal actitud manifiesta su aceptación de la existencia de otro legislador diferente a Dios.
La idolatría no supone necesariamente una negación absoluta de la existencia de Dios. Más bien, la mayoría de los idólatras evitan explícitamente aceptar tal atributo o “título”. Nada escrupulosos en su conducta, se engañan a sí mismos durante toda su vida. Aún en el Día del Juicio Final negarán tener algo que ver con la idolatría. La postura que adoptan se explica en la siguiente aleya:
Un idólatra no tiene porqué hacer “declaraciones”. Seguro que nunca oirás una frase como ésta: “Por la presente, tomo a esta divinidad como dios en vez de a Dios y le juro lealtad”. La idolatría reside ante todo en el corazón y se revela a través de la palabra y los hechos. Desde el punto de vista del Corán, consiste en preferir a otro ser que no sea Dios. Dar preferencia a la voluntad de otra persona antes que a la de Dios, por ejemplo, temer a otros en vez de a Dios, o tener afecto a otra persona además de a Él son ejemplos de la idolatría descrita en el Corán.
De lo anterior se deduce que la idolatría es la desviación del sentimiento de “amor” a Dios hacia otros seres. El fuerte apego que se les tiene a los ídolos se explica en la aleya siguiente:
Esta aleya deja claro que el “amor” que se siente por algo equivocado asienta la base de “adorar a otros que no son Dios”, así como la de la idolatría. A diferencia de los creyentes, los que no lo son no pueden disfrutar de una estrecha relación con su Creador. Bien se aman a sí mismos o a otros, o ambas cosas; reparten su amor entre sus padres, hijos, hermanos, esposas, maridos, amantes, la gente que les rodea, etc. Además de por las personas, los incrédulos sienten afecto por seres inanimados, o más bien por conceptos tales como dinero, posesiones, casas, coches, estatus, prestigio, etc.
Las cualidades peculiares y extraordinarias tanto de todos los seres vivos como de los inanimados son meros reflejos de los infinitos atributos de Dios. El único que posee estas características es Él y por tanto es el Único merecedor de lealtad, devoción y amor. Entonces, sentir afecto por cualquiera que no sea Dios implica asociar a otros con Él.
En otra aleya, en palabras del profeta Abraham (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), se afirma que los incrédulos abandonan a Dios y establecen vínculos afectivos con sus ídolos:
La pasión que se siente por las mujeres es uno de los ejemplos más notables de asociar a Dios con otros, en lo que al amor se refiere. La mujer en cuestión puede ser la esposa, novia, o incluso una mujer que se ama platónicamente. Por consiguiente, si el amor que un hombre siente por una mujer hace que se aparte poco a poco de Dios, al final la ve como igual o a un nivel superior a Él, lo cual es explícitamente “asociar alguien a Dios”. Tal modo de actuar, que la sociedad asume como un comportamiento inocente, tiene, sin embargo, un serio castigo para Dios:
Lo dicho también es válido para las mujeres. Sin embargo, este tipo de amor (inaceptable para Dios) se fomenta en las sociedades modernas bajo las “inocentes” rúbricas de “amor”, “romanticismo” o “compromiso”. El adoctrinamiento del romanticismo (cuyo principal objetivo es la gente joven) tiene unos efectos devastadores entre las nuevas generaciones. Supone un enorme obstáculo para el desarrollo saludable de las mentes y conciencias de los jóvenes. Como resultado de este adoctrinamiento surgen generaciones carentes de comprensión. En tales circunstancias, los miembros de esta sociedad desconocen por completo el propósito de su existencia en la tierra, y de las exigencias de su religión y de su fe. Tales gentes simplemente se aferran a un modo de vida ignorante y conducen sus vidas sin saber lo que realmente significa amar o temer a Dios.
Otra razón por la que un individuo cae en el “shirk” es el miedo. Al igual que el amor, el miedo se debe sentir sólo por Dios. Alguien que siente o muestra temor por seres que han sido creados lo que hace es atribuirles un poder individual. Esto es, simple y llanamente, idolatría.
Dios ha dicho:
Los incrédulos temen a otras personas. Esto se narra en el Corán:
Además de los sentimientos de amor y miedo, existen otras actitudes que conducen al hombre a la idolatría.
La base de la idolatría es preferir a una persona o cosa en vez de a Dios, por ejemplo, preferir la aprobación de alguien en vez de la de Dios, temer a alguien como se teme a Dios o amarle como se ama a Dios… O hacer por un ídolo lo que no se hace por Dios, o hacer un sacrificio que no sea para conseguir la aprobación de Dios.
Con la argumentación que hemos hecho, sería una interpretación superficial definir la palabra idolatría como la adoración de estatuas. Con seguridad, éste es un argumento que los incrédulos utilizan para justificar su postura. Según su explicación, la idolatría acabó cuando se rompieron los ídolos de la Kaaba en la época de expansión del Islam. Si este argumento fuese cierto, entonces las cientos de aleyas advirtiendo a los creyentes sobre la idolatría y que explican el término con detalle únicamente tendrían relevancia hoy en día para unas cuantas tribus primitivas, lo cual supone un razonamiento bastante contradictorio a la esencia del Corán. Además, inferimos del Corán (que prevalecerá hasta el Día del Juicio Final) que, en cada época, los paganos vivían al lado de los creyentes. Las aleyas que siguen dicen:
Como sugieren las aleyas, una de las características más significativas de las sociedades politeístas es su proximidad a la verdadera religión; rechazaron algunos de los mandatos de la religión revelada por Dios y a partir de ahí se escindieron en sectas. Cada uno de los miembros de estas sectas dijeron hallarse en el camino correcto y lucharon unos contra otros. Sin embargo, se debería tener en cuenta que incluso una simple desviación del Corán es una añadidura o alteración de lo que ha revelado Dios y, en consecuencia, una fuente de politeísmo.
En las siguientes aleyas se hace constar que Dios no acepta ninguna de las acciones de los paganos, ni siquiera sus oraciones o adoración.
Puede que un creyente cometa diversos pecados. Sin embargo, no subyace tras ellos ninguna rebelión o intención similar de actuar en contra de Dios. Lo que hace que la idolatría sea diferente de otros pecados es que, al contrario que éstos, atribuye otro dios además de Dios e inventa mentiras en Su contra. Así, la idolatría es el mayor de los pecados. Es, en cierto sentido, una manifestación de falta de respeto a Dios.
Consecuentemente, Dios menciona en el sura “Las mujeres” que perdonará cualquier pecado excepto la idolatría:
Así, en muchas aleyas del Corán, Dios advierte a los creyentes sobre la idolatría y los disuade de cometer este gran pecado. El Corán explica con detalle el significado de la palabra idolatría:
Cualquier cosa, viva o no, que los paganos asocian a Dios no posee atributo divino alguno.
Dios dice en el Corán que estos “objetos y seres no pueden causarles daño ni beneficiarles” (Sura 10: Iunus (Jonás), 18), “seres que nada pueden crear” (Sura 10: Iunus (Jonás), 34; Sura 7: Al-Aaraf (La Facultad del Discernimiento), 191), “y que no pueden auxiliarles a ellos ni tampoco auxiliarse a sí mismos” (Sura 7: Al- Aaraf (La Facultad del Discernimiento), 192), y no pueden “guiar a la verdad” (Sura 10: Iunus (Jonás), 35). A pesar de que todos ellos son intrínsicamente débiles, los paganos crean estos “asociados a Dios”. La razón fundamental de esta actitud es el hecho de que Dios les confiere algunos de Sus atributos.
La autoridad, poder, supremacía y prosperidad de las que disfruta una persona, por ejemplo, en realidad pertenecen a Dios. A modo de prueba, Dios obsequia en esta vida a ciertas personas con algunos de Sus atributos. Atribuir todo el poder, posesiones, etc., a una persona influyente y, consecuentemente, mostrarle respeto, simplemente sería asociar a otros con Dios. Esa persona no es ni un ser divino ni nadie que tenga el poder de conseguir algo por sí misma. Llegados a este punto, apenas necesitamos mencionar que se trata únicamente de seres imaginarios que uno crea en su mente. En el Corán esto se describe así:
Una persona que adora otra cosa que no sea Dios vivirá para lamentar su tardanza en comprender que aquello que le asociaba no contaba con virtud alguna. Esas divinidades que ellos, en esta vida, preferían a Dios les conducirán a un gran sufrimiento en el Más Allá. Esas divinidades son también la razón principal por la que los paganos creen que Dios (que cuenta en exclusiva con el poder, honor y gloria, y que es el único que se puede tomar como Protector) es su enemigo. En el Día del Juicio Final, su destino será el narrado en las siguientes aleyas:
El Corán define el fin de los paganos como sigue:
Hiç yorum yok:
Yorum Gönder