Hermandad Y Solidaridad
La lealtad y sincera devoción a Dios, la hermandad y la solidaridad son importantes características de los creyentes. El Corán dice que todos los creyentes son hermanos; son personas que comparten los mismos sentimientos, se afanan con el mismo propósito, se adhieren al mismo libro y luchan por alcanzar el mismo objetivo. Por consiguiente, la solidaridad se convierte en un rasgo natural de una comunidad formada por creyentes. Dios, en la siguiente aleya, hace gala de este cariño que se tienen los creyentes:
Como se relata en la aleya anterior, hacer un esfuerzo al unísono por causa de Dios es uno de Sus mandatos:
Los creyentes son gente modesta que se tienen simpatía y sienten compasión entre ellos. Por tanto, la unidad y solidaridad entre los mismos se mantiene de forma natural. Pero incluso en una comunidad tal puede haber razones para ser precavido; ciertos comportamientos equivocados pueden dañar esta solidaridad y crear una atmósfera hostil entre los creyentes.
La razón principal de tal comportamiento indeseable es, sin duda, el alma (annafs). Un creyente es tolerante y afectuoso. Con todo, el alma cuenta con una parte pecaminosa y, en un momento de debilidad moral, una persona puede dejarse arrastrar por dicha parte negativa; con otras palabras, puede dejarse influenciar por los celos, el egoísmo o la ambición.
Por dicho motivo, el Corán enfatiza el impacto de estos aspectos negativos del alma como una seria amenaza a la unidad entre los creyentes. Teniendo en cuenta que el alma (que puede poner de manifiesto en el ser humano rasgos de Satanás) puede descarriar a los creyentes, estos deben evitar comportarse de manera que provoque la aparición de este lado pecaminoso en otros creyentes. En el Corán, Dios ordena lo siguiente:
Sin duda la aleya anterior anuncia un mensaje importante: Dios ordena a los creyentes que se dirijan unos a otros “con suma amabilidad”, de la mejor manera posible (no de buenos modos, sino de la mejor manera). Aquí se pone de manifiesto una característica importante de Satanás: intenta sembrar la discordia entre los creyentes.
Uno de los principales métodos que emplea Satanás para romper la unidad entre los creyentes es inculcarles el sentimiento de competencia. Si no está alerta, un creyente puede muy bien sucumbir a los delirios de grandeza y desarrollar la ambición de lograr un determinado estatus en la sociedad. Bajo la influencia de tal estado de ánimo, es muy posible que intente establecer una cierta supremacía sobre otros creyentes. De igual modo, puede sentir envidia de su hermano por una u otra razón. Aunque la palabra “envidia” puede sonar a algo excusable, en realidad tiene una gran relevancia: equivale a una rebelión explícita contra Dios. Así se menciona en el Corán: Sura 4: An-Nisa’ (Las Mujeres) (54) “¿O es que envidian a otra gente por lo que Dios les ha concedido de Su favor? …”. Como sugiere la aleya, todos los favores provienen de Dios y envidiar los que se les otorga a otros significa simple y llanamente oponerse a Su voluntad. Por eso, los creyentes deben hacer hincapié en evitar dicha actitud. De otro modo, no fomentarían la conducta que les puede servir para lograr contentar a Dios. Además, como indica la siguiente aleya, resulta perjudicial para la unidad de los creyentes:
De esto se deduce que un creyente no debe permitir nunca que la competencia o la desavenencia prevalezcan entre sus hermanos. Si considera la naturaleza primitiva de estos sentimientos, nunca debe dejarse llevar por ellos. Además, no debe nunca despertar la envidia de los demás. Ser humilde y modesto erradica el peligro que supone la competencia entre los creyentes. Otro rasgo primordial de un creyente es su abnegación, según subraya el Corán. Un creyente siempre da prioridad a las necesidades y deseos de otros creyentes y muestra un espíritu virtuoso. Y además, disfruta asumiendo dicha actitud. El Corán lo describe así:
En esencia, la envidia, la rivalidad y la conflictividad son los tres factores básicos que presentan una seria amenaza al mantenimiento de la hermandad y solidaridad entre los creyentes. La competitividad, propensa a aparecer con la ambición, daña el amor que los unos sienten por los otros. Esto es ciertamente perjudicial para el alma y conduce a la regresión moral.
Por tanto, es inútil perder el tiempo obstaculizando los esfuerzos de otros creyentes con la competencia y la envidia, mientras se ofrecen innumerables oportunidades al hombre de contentar a Dios. Un creyente nunca olvida que una comunidad de creyentes es como un cuerpo en el que cada órgano funciona en cooperación con los otros para su bienestar general. En este contexto, ve el éxito de sus hermanos como si fuese el suyo propio. Éste es un concepto importante. Existen numerosas aleyas en el Corán que enfatizan la importancia de la hermandad. En una de ellas, se relata la plegaria de un creyente:
Una disputa o controversia entre los creyentes causará un daño general. Por tanto, nunca se rebajan a hacer tal cosa. De hecho, a menos que los creyentes se protejan unos a otros, prevalecerá la opresión. El Corán hace la siguiente observación:
Hay órdenes explícitas de mantener la hermandad y la unidad entre los creyentes. Algunas de las aleyas rezan:
Los creyentes están obligados a ser piadosos y modestos los unos con los otros. Una actitud opuesta a la mencionada va sin duda alguna contra el Corán. La arrogancia, envidia, celos, enzarzarse en peleas… no son rasgos de los creyentes sino de los incrédulos. Así, los creyentes deben evitar quedar atrapados por el lado pecaminoso de sus almas y deben pedir constantemente la protección de Dios, arrepentirse y enmendarse. De otro modo, Dios nos informa de que reemplazará a esa persona por otra mejor. Todo aquel que tenga fe debe evitar llegar al fin que aparece en esta aleya:
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