Dar Gracias A Dios
Estar agradecido a quien te ha hecho un favor supone expresar un sentimiento de gratitud. El concepto de estar agradecido a Dios (shukr), por otro lado, es captar y enfatizar el hecho de que toda gracia y favor únicamente los otorga Dios. En el Corán, lo opuesto a ser agradecido se define como “incredulidad” (Kufr), que es sinónimo de ingratitud. Sólo esta definición indica la importancia que se da a ser agradecido como una forma de adoración y las consecuencias perjudiciales que puede acarrearle a un creyente que descuide serlo.
Estar agradecido a Dios es uno de los conceptos que se enfatiza principalmente en el Corán. En casi 70 aleyas, se deja constancia de la importancia de dar gracias a Dios, se dan ejemplos de aquellos que son agradecidos y los que son desagradecidos y se describe su fin en el Más Allá. La razón por la cual se da tanta importancia a este concepto es simplemente que es una indicación segura de la fe que se tiene y la certeza de que Dios es Uno. En una de las aleyas, se define “ser agradecido” como “adorar sólo a Dios”:
En otra aleya, dar gracias a Dios es lo opuesto de la idolatría:
Las desafiantes declaraciones que Satanás hace a Dios (el día en que rehusó inclinarse ante Adán) enfatizan la importancia de dar gracias a Dios:
Como se relata en la aleya anterior, Satanás, lleno de puro rencor, dedica su vida a descarriar a la gente. Su fin último consiste en lograr que seamos desagradecidos con nuestro Creador. Cuando uno considera este propósito que tiene Satanás, se entiende mejor cómo se extravía alguien que no da gracias a Dios.
La gratitud es parte de la prueba a la que Dios nos somete. El hombre ha recibido Sus favores y se le informa de cómo beneficiarse de ellos. A cambio, se espera de él que adopte una actitud sumisa hacia su Creador. Sin embargo, es de nuevo el hombre mismo el que decide ser agradecido a Dios o no.
Como sugiere la aleya, la elección que hace el ser humano de ser agradecido o ingrato es un signo explícito de su fe o de su incredulidad.
La gratitud está íntimamente relacionada con el castigo en el Más Allá. Ninguno les sobrevendrá a quienes tengan fe y sean agradecidos:
Esta aleya, junto con otras muchas, nos trae la buena noticia de que Dios recompensa a los que están agradecidos a su Creador:
(18) Pues, si intentarais contar las bendiciones de Dios, no podríais enumerarlas. Ciertamente, Dios es en verdad indulgente, dispensador de gracia; (Sura 16: An- Nahl (La Abeja)). Como sugiere esta aleya, aparte de ser incapaces de contar las bendiciones de Dios, ni siquiera podemos concebir clasificarlas. Puesto que no existe un límite para los favores que Dios nos otorga, un creyente debe recordarle siempre y expresarle su gratitud.
A la espera de alguna bendición muy grande, algunas personas aguardan las ocasiones especiales para dar gracias a Dios. Dan por supuesto que la resolución de un serio problema o la recuperación de una grave enfermedad son los momentos adecuados para expresar su profunda gratitud a Dios. Sin embargo, si reflexionamos un poco, nos daremos cuenta al instante que siempre estamos rodeados de infinitas bendiciones. En cada momento, a cada minuto, hay un caudal ininterrumpido de favores: la vida, la buena salud, la inteligencia, la conciencia, los cinco sentidos, el aire que respiramos… en resumen, todo lo que hace que la vida sea posible se nos otorga por la gracia de Dios. A cambio de todo esto, se espera que seamos agradecidos a Dios. Aquellos que no prestan atención a estas bendiciones y, en consecuencia, se olvidan de dar gracias a Dios, se dan cuenta de su importancia sólo cuando se les priva de ellas.
El Corán se deleita en mostrar una atención especial a las bendiciones de Dios y nos recuerda reiteradamente aquellas que tendemos a olvidar. Libros enteros serían insuficientes para enumerar las bendiciones que Dios nos otorga. Él modeló al hombre como hombre, le dotó de cinco sentidos permitiéndole así percibir el mundo que le rodea, le guió por el camino recto a través de Su Libro y Mensajero, proporcionó una explicación de las escrituras, no deseó las adversidades para Sus siervos, los salvó de la opresión de los incrédulos, hizo de sus moradas refugios de descanso y quietud para ellos, creó el agua dulce, una abundante variedad de comida, productos del mar, barcos que navegan día y noche para el beneficio de la humanidad…
Nadie puede decir: “Rezo y me involucro en acciones piadosas, pero no doy gracias a Dios.” El individuo que no está agradecido a Dios es el que no le tiene siempre en su mente, y por ello se olvida de Él. Una persona que, como los animales, consume todo lo que se le da sin cuestionarse ni porqué ni quien se lo proporciona, sin duda necesita cambiar de actitud. De otro modo, esperar recibir una recompensa de Dios y conseguir el cielo no tendría sentido. Éste es el motivo por el que un creyente nunca debe olvidar dar gracias a Dios.
También sabemos por las revelaciones de Dios que únicamente los que le dan gracias pueden comprender Sus signos en el mundo y aprender por sí mismos. Las aleyas siguientes desarrollan este tema:
La sabiduría que se desprende de estas aleyas y las evidencias que proporcionan sólo las pueden comprender aquellos que están dotados del entendimiento y sensibilidad de los que dan gracias. No hay duda de que existe una recompensa por estar agradecidos a Dios. Los ingratos e insensibles, por el contrario, ni siquiera advierten la sabiduría que encierran estas aleyas.
Dios aconseja a Sus Mensajeros (entre ellos a Moisés) en muchas aleyas (Sura an-Nahl (La Abeja), 120-121; Sura al-Isra’ (El Viaje Nocturno); Sura an-Naml (Las Hormigas) 120-121; Sura al-Isra’ (El Viaje Nocturno), 3; Sura an-Naml (Las Hormigas), 19; Sura Yusuf, 38; Sura Luqman, 12) que sean agradecidos:
En el sura “Las dunas” (al-Ahkaf), aleya 15, un creyente que ha alcanzado su edad madura (en el Corán se dice que son los 40 años) pide ser una persona agradecida:
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